21/10/07

Poema XXV - Charles Baudelaire

Ondulante en su traje de tonos nacarados,
aun cuando camina diriase que danza,
como aquellas serpientes que flautistas sagrados,
hacen bailar al ritmo de una pequeña lanza.

Como la arena triste y el azul del desierto,
igualmente insensibles a la humana dolencia,
como las largas redes de olas en el puerto,
ella se desenvuelve con fría indiferencia.

Sus ojos están hechos de un mineral cambiante,
y en su naturaleza simbólica y oscura,
donde la antigua esfinge se halla al ángel mezclada,

y en la que todo es oro, luz, acero y diamante,
como una estrella inútil para siempre fulgura,
de la mujer estéril la majestad helada.

1 comentario:

Anónimo dijo...

----te extraño eduardo