2/1/08

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Canta arriba del escenario la oscura voz,
hostigada spot Light a un cuarto de la mitad,
dirías que en aquel perfil nunca brillo la luz,
solitario violín también hundido en la falta de luz,
es a tu voz que la canción quiere escuchar,
y bebo mi trago desde una esquina y la mesa redonda,
no permití que la vida y su moral atrapara mis rezos en sus redes,
salgo a encontrar sonrisas ajenas que no pregunten por heridas,
canta la dulce voz y hay en su timbre la ronquera de la soledad.

Cierra con indescriptible dolor sus ojos,
apretándolos queriendo encerrar noble dolor,
su voz tiembla con la cuerda del viejo violín,
y en la barra dos damas se besan sin ningún apuro,
agito mi vaso y los hielos me sirven otro,
su vestido es un pantalón roto, y su amante,
una botella que a lado de su asiento alto la espera,
quisiera que cante a mis ojos con mucho hielo,
con sus ojos cerrados y su corazón al tanto,
quisiera escribirle y a la vez curar ambos dolores,
los atletas de la media noche, de la razón en fiesta.

Ahora absorbe la oscuridad lo que mis ojos ven,
veo el resplandor de su botella amante besar sus labios,
ella no se agita ni sus pies se movilizan,
el spot Light desgastado se va con el trago,
decidió agradecer al invierno que le dio frío,
no olvida mencionar al volcán que no deja de erupcionar,
que arde y arde y arde en las membranas de su alma.

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