7/8/08

Detrás de la iglesia

Suena el timbre, es de mañana y no hay ganas,
entra ella con la mirada y el saludo de todos los días,
esta cansada parece el día a día porque no tiene que hacer,
aunque siniestras palabras usen su imaginación.

Ella entra, todo sigue calmo, la oscuridad, el frío,
nueve de la mañana y solamente hay que seguir,
ella es responsable de vivir, infeliz, discreta, oculta,
es vegetariana, es sábila y jugo de zanahoria.

Llega ese momento donde el comer es general,
ella también ahí esta, habla discreciones que se deben saber,
mareos hacia el vacío, se especulan las risas laboradas,
es semana santa, sobra la ceniza, ella es todavía una inconclusa.

Asoma la temprana tarde por su ventana,
recoge sus migas de vida, apaga el computador,
se muestra al espejo, se pone triste,
guarda el espejo y por las escaleras va.

Dice adiós a ella, la que se queda,
ella se va, suelta el pensamiento,
desamarra sus orillas, como dirigiéndose al blues,
como polizón en viaje que sabe, naufragará.

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